Docente universitario, investigador clínico de la Universidad Señor de Sipán y de la Escuela de Medicina de la UPC. Fotógrafo dedicado a la fotografía etnográfica y documental.
«Mi aproximación a la fotografía de calle no ha sido la de un observador casual ni la de un mero recolector de escenas urbanas. Ha sido, más bien, un proceso progresivo de aprendizaje visual, de disciplina técnica y de comprensión profunda del espacio social. La calle se convirtió para mí en un laboratorio humano: impredecible, dinámico y honesto.
Con el tiempo comprendí que la fotografía de calle no consiste únicamente en capturar personas o momentos aislados, sino en interpretar relaciones: entre los individuos y su entorno, entre la luz y la arquitectura, entre el gesto humano y la narrativa implícita que lo rodea. Aprendí a valorar el contexto tanto como al sujeto, entendiendo que una fotografía pierde potencia cuando se desliga del espacio que la explica. Esta mirada me llevó a desarrollar una composición más consciente, en la que el encuadre no es accidental, sino una herramienta narrativa.
En el plano ético y humano, la fotografía de calle me confrontó con realidades diversas: trabajo informal, vejez, infancia, rutina, cansancio, esperanza. Fotografiar sin intervenir implica un ejercicio de respeto y responsabilidad. Cada imagen plantea una pregunta silenciosa sobre la representación del otro y el rol del fotógrafo como intermediario entre la escena y el espectador. Esta conciencia ética ha sido central en mi proceso, orientándome a evitar el sensacionalismo y a priorizar la dignidad del sujeto fotografiado.
La fotografía de calle ha sido para mí una forma de estudio social visual, una práctica que combina técnica, observación crítica y sensibilidad humana. No la concibo como un género rápido ni impulsivo, sino como un ejercicio constante de lectura del mundo cotidiano. La calle no solo me ha enseñado a fotografiar mejor; me ha enseñado a mirar con mayor profundidad.»





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